Publicado en Institucional

¿Conocías el insólito contrato que firmaban las maestras en 1923 en Argentina?

En el marco del curso de capacitación “Aprendiendo a convivir en la Escuela: del paradigma de la disciplina al paradigma de la convivencia”, organizado por la Fundación Inclusión Social, a modo de ejercicio, se abordó el curioso contrato que debía firmar una maestra antes de comenzar a dar clases. Más allá de las risas que puede causar hoy, durante muchos  años se trató de un documento real.

Algunos de los puntos que hoy pueden parecer cómicos, y que durante la capacitación de Horacio Maldonado generaron carcajadas entre las docentes, estaban relacionadas a la vida social de la maestra: No casarse. Este contrato quedara automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa”; “Estar en su casa entre las ocho de la tarde y las seis de la mañana, a menos que sea para atender una función escolar”; “No pasearse por las heladerías del centro de la ciudad”; “No viajar en ningún coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre”.

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Otros se referían al aspecto que debía llevar la señorita: No vestir ropas de colores brillantes”;  “No teñirse el pelo”; “Usar al menos dos enaguas”; “No usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos”; “No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios”.

Este contrato, leído desde nuestra realidad, resulta anecdótico y hasta gracioso, pero le preguntamos a Horacio Maldonado, Psicólogo especialista en Educación, por qué esta herramienta es usada como ejercicio, y qué sentido e interpretación le genera. Él nos contó que lo utiliza “como un resto arqueológico del sistema educativo, para mostrar cómo el sistema inoculó,hace casi un siglo, algunas ideas que todavía siguen vigentes.” Y continúa: “Por eso algunas señoritas siguen comportándose parecido a las señoritas de aquel tiempo. El cambio cultural depende de muchas cosas, un hecho fundamental es que desde 2006 hay una ley de educación sexual, que obliga, por decirlo de alguna manera, la educación sexual en las escuelas. Para que ello ocurra, los docentes se tienen que capacitar, y al capacitarse empiezan a tocar algunos resortes que antes no tocaban, y eso hace que vayan abriendo las cabecitas sin darse cuenta. Eso me parece que va a mejorar la educación de los chicos y de la salud psíquica de nuestros chicos.”

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